Agradecimientos, sin preámbulos:
A Laura, por siempre por siempre cumplir con el rol del Escritor B.
A Laura, por siempre por siempre cumplir con el rol del Escritor B.
Cadáver Exquisito #1: El Paraíso de los Obstinados
Alguna vez se preguntaron por el paraíso, tratando de descubrir una razón para poder quedarse y no perderse en el camino de regreso. Trataban de conservar esa gota de alegría que las invadía, por el hecho de encontrarse en el lugar y tiempo preciso para caminar bajo el mismo cielo, bajo el mismo sol, acompasadas bajo esa música que suave las transportaba a un lugar mágico y desconocido.
Tan desconocido como los propios miedos, los más profundos, esos que lastiman, cuando los miras directamente a los ojos. Tan desconocido que resulta extraño e incomprensible. Y es justamente la incapacidad de entender la que lleva a la inseguridad y con ello, al error.
Error había sido haber planeado tanto, en tan poco tiempo, creyendo que el tiempo era benévolo y que podría aguantar la prisa que tenían de llegar a un paraíso que nunca existió, mas que en sus mentes y en sus planes. Pero claro, a las acaloradas mentes de un par de jovencitas nada podía contradecirlas. Tan sólo el propio tiempo, que se encargaría de enseñarles que el paraíso no nace de los planes. Es algo que debe alcanzarse, llegando desde muy lejos, como si se tratara de un volcán a punto de estallar.
Estallar entre risas y espantos, entre miedos y sueños, pues cuando los nervios se apoderan del alma, el cuerpo sólo puede explotar en un intento desesperado por ser libre, por encontrar las respuestas adecuadas, las que satisfacen las voces internas del deseo… Las que nunca saben de mentiras.
Mentiras: finalmente era eso lo que decía a cada instante, tratando de no lastimar tan evidentemente a aquella otra, a sabiendas de lo que había en su parte más profunda: confusión y un grito desgarrador, al que no entendía muy bien. Aun peor era decir la verdad y eso lo sabían implícitamente. Por ello, aquel capítulo de sus vidas se resumía en una palabra que era mejor no recordar, en el recuerdo de los mensajes sin descifrar, en las fotos de días de campo soleados y esas tan suyas rotas canciones.
Esas canciones que llenan el pecho de un frío sobrecogedor. Que recuerdan viejos tiempos y dibujan en la mente los que están por venir. Esas canciones, que por distintas que suenen, sólo saben llenar la mente de esa persona que tanto se ama, que tanto se extraña. Esas canciones que suenan como el universo y condensan en sus letras las palabras que el miedo no permite pronunciar.
Pronunciar palabra por palabra, letra por letra para no olvidarse, para no caer en el intento. Cada palabra que le decía era una pequeña orden, parte de ese plan que tendrían que cumplir, para llegar a su destino. Un destino que no era más que ese pedazo de felicidad instantánea, producida por un poco de fe y de café caliente, sentadas en ese espacio del que ambas eran dueñas, con música de Hendrix o de Janis; ese pequeño espacio donde todo el mundo, inclusive el de afuera, quedaba a merced del tiempo, para ver si le daba la gana de correr o no correr.
Pues correr ya no era sinónimo de huir, tan sólo significaba ir a encontrar los anhelos con los brazos abiertos. Correr para perseguir la ilusión era una locura, que aunque era terca, llenaría los vacíos de dos corazones, tomaría dos sonrisas para conjugarlas en una misma expresión de felicidad.
Felicidad sentían, claro, de saberse estando en el ahora, a sabiendas de que al final, este pedazo de felicidad sería el recuerdo fatuo de esas memorias, acompañadas con el humo de la marihuana; con una cerveza regada en el Prado, con un pedazo de sol de 5 de la tarde y con las melodías de esa guitarra rasgada, que le canta a la tarde oscura y provocadora de un simple y sencillo encuentro en el que querían encontrar su paraíso.
Ese paraíso que, aunque lejano, nunca resultaba imposible para los obstinados, para aquellos desconocidos que dejan estallar el sentimiento entre canciones, antes de empezar a correr… Antes de perder la cabeza por completo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario