Tiempo para recordar lo que éramos, lo que fuimos. Tiempo para ser lo que añoramos y no lo aprovechamos. Tiempo para crecer, para añorar, para olvidar, recordar y creer.
Y
cuando pasa, ¿en qué quedamos?. Somos el olvido que seremos y el tiempo pasado que nos ha comido de prisa como el reloj a los segundos cuando tiene afán de llegar a la hora y el tiempo se hace efímero porque el reloj nos engaña.
cuando pasa, ¿en qué quedamos?. Somos el olvido que seremos y el tiempo pasado que nos ha comido de prisa como el reloj a los segundos cuando tiene afán de llegar a la hora y el tiempo se hace efímero porque el reloj nos engaña.Ahora, es hora de orar, hora de vivir, de recordar, de pensar y callar los ruidos externos que nos estorban y escuchar los sonidos internos que nos conducen por el camino que caminamos sin saber que somos quienes guiamos nuestro propio caminar y hacemos el sendero por el cual nos desplazamos.
Somos dueños del tiempo y herederos de lo que viene, sin saber otra cosa más que la certeza de nuestras vidas y el poder que tenemos para vivir, morir, reír, cumplir, sentir: sentir. Añorar, recordar, pensar, meditar el pasado que ya no vive más y que genera la extrañeza de un niño que ha perdido su niñez para enfrentarse a los temblores que le causa el paso del viento y el temblor de la vida que se mueve con miedo que mueve el aire en noches sin luna, de soledad.
Es tiempo de inventar motivos para que todo esté bien y empezar desde cero algo que tuvo que haber seguido como iba. Un gran día hoy para que dos pasados, que se dividieron en la bruma del maldito abandono que se pega dentro del corazón y revienta el alma como dinamita, se vuelven a encontrar.
Tiempo, para el que lo tenga.