domingo, 21 de septiembre de 2014

Señorita Londinense

A Laura, por darme su pasión e inspiración para escribir esta carta



La odio. Sé que la odio porque no sé hasta cuando vaya a agunatar amarla asì, hasta cuándo vaya a aguantar quererla y desearla así como en este momento sin poder tenerla aquí conmigo.

De la nada, la magia y la fantasía que me llevaron a usted se están convirtiendo en una serie de eventos que aún no me explico y por más que tenga este sentimiento clavado en usted, sé que aún me falta mucho para dejar fluir el amor que sé que nos pertenece, que ha llegado como ese polvo de hadas inexplicable, que se absorbe por los sentidos y por el deseo, pero nada deja a la razón.

Se lo explico bien: usted llegó de la nada en una noche cualquiera con sabor a fiesta, dicièndome un par de palabritas en inglés que pude escuchar en medio de la salvaje noche. Fue entonces cuando despertó mi curiosidad de querer tenerla, de querer amarla y perderme en sus conversaciones por un poco más de un segundo. Y ha sido así: desde ese, su día especial, he decidido que pensar en usted me llena de algo que es más grande que la paz y el amor: es el desespero de querer tocarla, tocarla, besarla, lamerla. La rabia que tengo es esa misma, propia de la frustración de querer mirarla sin condecendiencia, sin avergonzarme, de haber encontrado a quien no me producía esto que rompe barreras, distancia, tiempo.

Male, sepa usted que quiero tocarla; respirarla. Sentir cómo es su respiración mientras come, mientras se viste, o se desviste cuando siente el amor así de cerca. Sepa usted, señorita londinense que muero de celos cada vez que me entero de cosas que abren mi imaginación a un mundo de posibilidades donde yo no puedo ser la protagonista porque el puto tiempo y la puta distancia hacen de la suyas en este cuarto bogotano desde donde la pienso.

Esta carta, por supuesto, es una pequeña carta de lo que he decidido decir, porque usted, con su magia y su constante incertidumbre no me dejan otra opción que seguir intentado decifirarla. Porque no me explico por qué me falta el aliento cuando la pienso; por qué no puedo seguir sin pensar en que algo podría ir mal entre nosotras, y es ahí cuando pierdo el control, cuando desespero e intento escribir canciones para que las escuche a la distancia; para que pueda escuchar este grito desesperado de querer que sepa lo que no sabe... o eso que ya sabe pero por lo que ha guardado bastante silencio.

Sepa también que me gustan sus labios delgados y le confieso, la he soñado varias veces intentando sentirla cuando por fin la tenga. Pero claro, sólo logro tener ese vacío en el estómago donde está la carencia de algo: en este caso usted en mi vida.

Pero no se preocupe que tengo plena confianza en la vida. Una que se asemeja en ese regalo de tenerla junto a mi, respirando el mismo aire. Respirando un mundo donde usted y yo podamos sonreir con la complicidad de estar juntas y sin un mar de por medio que nos  separe, como desde ese primer momento en que la vi y despertó mi curiosidad.

Sepa usted que cuento las horas y los minutos para estar con usted, compartiendo un segundo en donde solo se, seamos usted y yo las dueñas de este  cuento y podamos sonreir sabiendo de nuestra historia viviendola, viviéndonos, descifrando esto que hoy nos mata.

Bonita semana, querida Male.

Besos y caricias desde la distancia.

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