Blues, sé que tú y yo sabíamos de la inconveniencia de estar juntas.
Nos habíamos vuelto cuerpo ajeno a pesar de ser tan nuestras y propias como cuando éramos una sola.
Alguna tarde tomé el teléfono y recordé tu número.
Sé que lo borré de mi agenda, pero jamás de mi mente.
Marqué y al escuchar tu voz supe de la necesidad que tenía de verte.
Te extrañaba con mis recuerdos.
Te sentía, desprevenda, en mis momentos de música triste.
Al verte, sentí lo que sentí cuando te conocí.
Sentí rabia de haberte dejado ir. De que te hubieras ido.
Quise comerme hasta el último pedazo de ti,
amarte sin razón, sin explicaciones.
¿Qué mas daba?
En ese momento supe también que era mejor cuando sólo nos pensábamos.
Verte significaba sacar mi parte oscura, dejar volar mis demonios.
Significaba sentirme lejana y vacía sin ti.
Frustrada. Incomprendida.
Quería volver a ti y llorar en tus brazos... amarte otra vez.
Tus palabras temblaban al pronunciarlas.
Tus letras no se arriesgaban a decirme la verdad.
Mentías, Blues. Te conozco y sé que lo hacías.
Las dos sabíamos de la inconveniencia de nuestra presencia.
Era hora de vernos en la soledad de nuestro encuentro,
en nuestro sitio en la ciudad,
sin ojos que nos juzgaran,
sin pasado que importara más que a nosotras que éramos las únicas que sabemos lo que pasó.
Entonces ratifiqué que lo que fuimos fue lo mejor.
Aquella noche nos despedimos con una canción en nuestros labios.
Yo lloraba de saberte tan lejana después de esa canción.
Estábamos embriagadas de vacío, de confesiones,
de soledad,
de amor perdido.
La luz de la luna no aguantaba mucho y sabíamos que ella era el único testigo de nuestra separación.
¿Sabes lo mucho que te amé desde ese día, Blues?
Sé que no, porque decidí callarlo para hacernos menos daño,
para no volver a sentir ese frío que fueron tus besos diciéndome 'no más';
para no volver a sentirme sola al saberte tan lejos, tan de otro,
tan entregada a quien ahora sería dueño de tus piernas, de tus labios, de tu alma, Blues, ¡tu alma...!
... de tus sonrisas al despertar a su lado.
Cerré mi amor y te lo dije.
Lo cerré y te dije lo siento;
te dije te amo;
te dije no me quiero ir...
Canté canciones a tu lado y me embriagué con tu perfume antes de partir.
Saqué el último suspiro y dejé que la noche nos comiera con todo su salvajismo,
con su violencia,
con su tenacidad,
con su frio silencio.
Nos despedimos y todo era silencio. Vacío.
Al vernos caminar con rumbos opuestos, en la penumbra de las calles desiertas, lo único que escuchaba eran nuestras señales con las que traspasábamos el mundo: Yo cantándote suspiros al oído y tú cantando despedidas.
La fantasía nos abandonó esa noche
y esta noche sé que tú no volverás.
Plácida vida, querida Blues.
Yo me largo de acá...


