sábado, 17 de diciembre de 2011

Blues en la noche



Blues, sé que tú y yo sabíamos de la inconveniencia de estar juntas.
Nos habíamos vuelto cuerpo ajeno a pesar de ser tan nuestras y propias como cuando éramos una sola.

Alguna tarde tomé el teléfono y recordé tu número.
Sé que lo borré de mi agenda, pero jamás de mi mente.
Marqué y al escuchar tu voz supe de la necesidad que tenía de verte.

Te extrañaba con mis recuerdos.
Te sentía, desprevenda, en mis momentos de música triste.

Al verte, sentí lo que sentí cuando te conocí.
Sentí rabia de haberte dejado ir. De que te hubieras ido.
Quise comerme hasta el último pedazo de ti,
amarte sin razón, sin explicaciones.
¿Qué mas daba?

En ese momento supe también que era mejor cuando sólo nos pensábamos.
Verte significaba sacar mi parte oscura, dejar volar mis demonios.
Significaba sentirme lejana y vacía sin ti.
Frustrada. Incomprendida.
Quería volver a ti y llorar en tus brazos... amarte otra vez.

Tus palabras temblaban al pronunciarlas.
Tus letras no se arriesgaban a decirme la verdad.
Mentías, Blues. Te conozco y sé que lo hacías.

Las dos sabíamos de la inconveniencia de nuestra presencia.
Era hora de vernos en la soledad de nuestro encuentro,
en nuestro sitio en la ciudad,
sin ojos que nos juzgaran,
sin pasado que importara más que a nosotras que éramos las únicas que sabemos lo que pasó.
Entonces ratifiqué que lo que fuimos fue lo mejor.

Aquella noche nos despedimos con una canción en nuestros labios.
Yo lloraba de saberte tan lejana después de esa canción.
Estábamos embriagadas de vacío, de confesiones,
de soledad,
de amor perdido.

La luz de la luna no aguantaba mucho y sabíamos que ella era el único testigo de nuestra separación.

¿Sabes lo mucho que te amé desde ese día, Blues?

Sé que no, porque decidí callarlo para hacernos menos daño,
para no volver a sentir ese frío que fueron tus besos diciéndome 'no más';
para no volver a sentirme sola al saberte tan lejos, tan de otro,
tan entregada a quien ahora sería dueño de tus piernas, de tus labios, de tu alma, Blues, ¡tu alma...!
... de tus sonrisas al despertar a su lado.

Cerré mi amor y te lo dije.
Lo cerré y te dije lo siento;
te dije te amo;
te dije no me quiero ir...

Canté canciones a tu lado y me embriagué con tu perfume antes de partir.

Saqué el último suspiro y dejé que la noche nos comiera con todo su salvajismo,
con su violencia,
con su tenacidad,
con su frio silencio.

Nos despedimos y todo era silencio. Vacío.

Al vernos caminar con rumbos opuestos, en la penumbra de las calles desiertas, lo único que escuchaba eran nuestras señales con las que traspasábamos el mundo: Yo cantándote suspiros al oído y tú cantando despedidas.

La fantasía nos abandonó esa noche
y esta noche sé que tú no volverás.

Plácida vida, querida Blues.
Yo me largo de acá...

jueves, 17 de noviembre de 2011

Ila


Ila:
Desde el primer momento en que te vi, supe que te quería junto a mi.
Desde el día que supe tu nombre supe que no eras como las demás.
Tus labios rojos me acercaron a ti, llamaron mi atención y me hicieron perderme en tu sonrisa, tan blanca, tan pura.
Me hechizaste con tus colores, Ila, con tus letras, con tus uñas rojas.

Aquél día, el día de tu desnudez, no supe cómo reaccionar ante tanta belleza.
Tú, tan sensual, tan armónica;
tu cuerpo destilando pasión y combinando perfectamente con el entorno.
Tu baile singular, tan único como tú, me envolvió en una estela tibia, húmeda, sensorial.
Ese baile atrevido me regaló tu cuerpo en medio de la locura de verte tan lejos y tenerte tan cerca.

La energía circulante y el espacio cerrado, solo para las dos.
Éramos tú y yo, Ila. Tu cuerpo, tus curvas, tu abdomen plano de cintura pequeña y piel de cristal.

… Ila, Ila, Ila, tu nombre me libera…

Recuerdo tus ojos cerrados evitando mi mirada
Y yo del otro lado deseando tu vida, tu piel, tu mirada, tus sueños.

La energía fluía y lentamente decidiste que era tiempo de avanzar.
Con tus dedos delgados bajaste la tiranta de ese vestidito ceñido que usabas esa noche, que te daba en la mitad de los muslos.
Abriste los ojos y los clavaste en los míos, invitándome a seguir allí, a no darme por vencida.

Los dientes de tu cremallera, silenciosos, se desencajaban uno a uno y tu alma quedaba a la deriva, presenciándome inquieta, sedienta.
El vestido cayó, dejándote en evidencia.

¡Ay, Ila! Me estremecí tanto. Aún lo siento.
En ese momento quise tocar tu piel y decirte cuánto te amaba.

Entonces fui a buscarte en la oscuridad.
Sentí tu olor, tu calor. Sentí tus latidos y el fluir de tu sangre.

Tomé tus brazos en los míos y pegué tu cuerpo a mi piel, fundiéndonos en una sola.
Toqué con la punta de mis dedos tu liguero negro, ese que me encendía más, que te hacía ver tan deseable.
Con violencia lo aparté para que nada se interpusiera entre las dos.

Y tú sonriendo mientras yo te decía palabras bonitas.

Aquél día te amé en el lugar que jamás te imaginaste.
Te amé sin razón y fui lo que nunca sería con nadie.

Irónico, ¿No crees?

Ila, Ila, Ila… Recuérdame amándote

domingo, 9 de octubre de 2011

Embriagada



Era cierto. Esa noche estaba ebria, embriagada de ti, de tus momentos, de tu inocencia al hablarme, de esa magia que siempre hubo entre tú y yo desde el principio de esa historia. 

La noche había empezado al ritmo de unas copas, tímidas en mi caso; arriesgadas, en el tuyo. Un millar de extranjeros invadían esa casa desconocida y yo, en un rincón te miraba desde la distancia. Confieso que me encantaba verte con ese vestidito sin tirantas que habías elegido esa noche. Era bastante particular y feo para mi gusto, pero en ti la belleza sobraba.

Luego de una ronda de abrazos y besos inconclusos llegaste a mi con una copa. Sonreíste. De hecho, aún no he perdido la costumbre de sonreír cuando recuerdo tu sonrisa; aún la extraño y la recuerdo cuando hace frío. Tomaste mi mano y con tu mirada tan profunda me invitaste a tomar asiento junto a ti.

Encendí un cigarrillo. Lo aspiré tratando de aspirarte. Intentando calmar las ansias que me provocabas, la falta de respiración, la felicidad que tenía y el miedo a perderte. Cerré los ojos y me perdí en el sonido de tu voz que alegre, me preguntaba cómo me sentía:
 - Feliz, te contesté

Disimulé mi excitación de verme contigo, de verte conmigo. A tu lado solamente podía sentirme tuya. Sabía que eras la única capaz de calmar mis ansias, la intranquilidad que me producía estar en un lugar ajeno rodeada de gente tan rara como sus nacionalidades en una fiesta de la que nada se podía esperar si compartíamos el espacio con un Chino que hablaba en argentino y se vestía como gringo. ¡Nada que hacer!

Fumé tranquila. Crucé un par de palabras con alguien más. Me levanté con esa independencia que siempre me ha caracterizado en mis asuntos privados y me dirigí al baño. Sentí tu mano en la mía y tu firme decisión de entrar conmigo. Me estremecí; me bloqueé, tanto que al cerrar la puerta lo único que pude hacer fue respirar pausado y profundo. Estaba nerviosa, lo admito, también asustada. Durante un minuto nos miramos a los ojos. Esta vez estaba dispuesta a besarte como nunca lo había hecho y como siempre lo imaginaba. Me acerqué lentamente sintiéndote, cuando alguien llamó a la puerta. Una emergencia había dañado el momento.

Regresamos a la mesa cómplices de lo que hubo pasado. Yo estaba excitada y asombrada por tu comportamiento. De la nada empezamos a tomar una botella de tequila, solo para las dos. Aprendí esa noche ese ritual sexy que me llevó a la locura. Sal, limón, Tequila bajado en fondo blanco. Duramos así un buen rato. Al final, fui víctima de una cámara fotográfica que plasmó nuestros momentos de insensatez para siempre y que aún conservo cuando te quiero a mi lado. 

La noche había acabado pero aún nos quedaba el regreso a casa. No tuve nada que temer porque sabía que estarías conmigo; me sentía protegida a tu lado. 

3:25 am. 

La Ruta 68 nos devolvería a nuestra casa, a nuestra privacidad. Con un gesto sobrio pagaste los pasajes y yo entré en ese bus con el mundo dándome vueltas. Me senté y tomé tu mano y te pedí, por favor, que no me dejaras. Nuestras manos entrelazadas serían mi aliciente para llegar despierta a casa y sintiéndote como me gustaba. Respiré tu piel; amé tus manos; guardé ese momento para siempre en mi mente. Lo esculpí sobre piedra para recordarlo un día como hoy, luego de tantos años. 

Al bajar, me tomaste con ternura, sintiendo compasión de mi y nuestra noche de excesos. Subimos acompañadas por el ruido del ascensor. Yo con mi pelo sobre la cara con algo de vergüenza por mi deplorable estado. Tú pendiente de mi; tan cercana, tan valiente como siempre. 

Recuerdo más que nunca cuando abriste la puerta. Luego tu puerta y finalmente la mía. Nos sentamos en mi cama amarilla. Te agradecí por estar ahí conmigo. Te confieso que tuve miedo de mi al estar contigo en el silencio de la noche, cuando ya no había nada que temer. Entonces me acerqué a ti y tú a mí. Fue nuestro primer beso. Tan cálido y suave, tan dulce, tan silente, desvistiendo nuestro interior. Nos envolvimos en una aurora de complicidad, de satisfacción, de sentimientos encontrados en los que una cosa llevó a la otra. Mi cama, mi cuarto y mi privacidad habían quedado a merced tuya; eras tú quien mandaba en mi espacio y a partir de ese momento empezaste a hacerlo en mi vida… 
11:50 pm

viernes, 2 de septiembre de 2011

Recuerdo Armado de Historias

Es la noche, o tal vez la oportunidad, la que me pide que escriba sobre ese recuerdo armado de historias.

A las 10:09 pm, en soledad, me armo de valor y te pienso.

Y huelo la tinta que hoy como nunca se filtra en mis pulmones para respirar un poco de vos que te has ido.
Y es que han sido tantas las idas, que ya he perdido la cuenta.
Y de vos, la última, ni hablar.

En las noches frías y solas, te pienso.
Y te deseo.
Y te beso los labios como te quiero besar.
Y te siento con mis manos convertidas en esas manos que tienen permiso de tocar tu piel.
Y te siento suave, aterciopelada
Morena y oro a la vez.

Y cierro mis ojos.
Y mi lengua saborea tu piel.
Y la siento, la huelo y la impregno en mi
para no desfallecer luego del olvido.

Y entonces recorro tu silueta con mi dedo índice.
Y te miro a los ojos con mis ojos deseosos.
Y tus ojos subversivos me miran en la oscuridad,
me escarban el corazón y me guían por donde quiero que me guíen.

Entonces te lamo.
Te chupo.
Te muerdo.
Te siento.

Y me decís 'suavecito', con un gemido que me quema.
Y me repetís 'no te quedés', con una voz que me condena.
Y sonreís.
Y me muero.
Y sigo... y te dejás.

Mis ojos siguen cerrados y entonces te veo con más claridad.

Escucho tu voz
y siento el vacío de tus sonidos bien adentro.

Y te susprio.
Y no quiero que te vayás.
Y te lo digo al oído y me mirás.
Y te reís: siempre te reís y callás.


...Y el vacío.
... Y la soledad.
... Y extrañarte.
... Y pensarte...

Y la luna que mengua.
Y el tiempo que pasa.
Y yo que no dejo de pensarte y de amarte
y desearte
y sentirme lujuriosa con solo pensar en vos,
en vos...

Y entonces sobrevivo en ese instante en que dejás abierta alguna posibilidad de un futuro no cercano.
De un presente alimentado por una falsa promesa ("tenemos que vernos")

Y las mentiras...
Y las heridas...
Y las canciones...
Y los sonidos.

Tu presencia palpita por todo mi cuerpo.
Mis sentidos ya no te aguantan.
Y te extraño más de lo que puedo soportar.

Y cada noche de luna menguante te pongo a un lado del faro nocturno para cuidarte,
para perseguirte con mi amor enfermo,
amor esquizofrénico,
amor mentiroso,
(amor al fin y al cabo)
y pretendo entenderte para llegar a tu lado y quedarme con vos.

Entonces, al dormir, somos testigos de eso que vos querés,
que sé que no soy yo.
Y te digo mirá cómo me miran esos ojos que me quieren comer y sacarme el alma al amanecer.
Y me decís dejá la bobada que yo lo que necesito es largarme de vos para vivir feliz.
Y te replico que vos no sabés qué es lo que es el amor.
Y me decís que el amor es para tí lo que eso signifique,
y que dentro de ese significado no me encuentro yo.

Y te entiendo porque ni yo misma me he encontrado.
Y me siento perdida.
Y te miro con mis ojos de lince que compré para ver este mundo con otros ojos.
Y te veo ahí sentada aplicándote tus polvos Nailen No. 3 en tu cara perfecta de piel perfecta y labios besables.

Y te deseo,
y me acerco a saborearte las mejillas y la frente
y me decís que es que yo soy muy frita para vos.
Y te beso y me largo.
Y me voy repitiendo tu nombre y luego la palabra 'Maíz', que tanto me gusta.

Y mientras más me alejo, más te recuerdo.
Y más te deseo.
Y toco mi piel donde quiero que me toqués,
pero cuando recuerdo tu recuerdo,
la vida se me vuelve mierda.

Y entonces me cuento los momentos felices
Y me dan ganas de volver a vivirlos
con mucha más cerveza,
más tabaco,
más marihuana.

Pero el tiempo ha pasado
Y vos me no llamás.
Y yo sé que es lo que querés, que es olvidarme.
Y yo sé qué es lo que no quiero, que es olvidarte.
Y sin embargo lo hago todas las noches
Y cada noche tengo que intentarlo de nuevo.

Pero la vida es así.
Y todos los días te fumo y te suspiro,
y te canto "With or Without you. I Can live with or without you".

Y escucho tus sonidos
Y veo tus ojos fijos en los míos,
con esa miradita picarona que siempre tuviste después de hacer el amor,
en el silencio fatal después del sexo,
mientras un cigarrillo se fundía en tus dedos.

Y veo que me mirás
Y entonces no puedo más:
Tu rostro carcomido por esa enfermedad llamada belleza
se va desvaneciendo en mis ojos cerrados.

Y tímidamente levantás tu mano y meneás tus dedos despidiéndote de la noche,
de mis ojos,
de mi mente
y dejás mi vida sin vos...

jueves, 11 de agosto de 2011

Pacto sin control

Cierto día habíamos hecho un pacto: caminar hacia adelante sin preguntar por qué. Ese día supe que era el inicio de un camino peligroso, pero atrevido, algo divertido, con formas sin establecer, con colores y sabores que aún no conocía.
Siempre había querido jugar este jueguito. Esta vez, fui yo quien había accedido, quien dijo sí a todo lo que me propuso.

Una tarde, que pasaría a mi memoria por el resto de mi vida, me pidió que saliéramos. Ese día, la Ciudad era una masa flotante de desidia en un sábado soleado.

Para cumplir su cita, caminé para llegar al punto de encuentro lo más pronto posible. Mientras el calor sofocante hacía sudar mi piel debajo de la chaqueta, pensé en la posibilidad de parar ese absurdo ahí y ahora. Examiné en mi mente sus gestos, examiné el sentimiento de verme alejada de sus besos. Me paralicé y decidí seguir mintiendo antes de tener que dejarnos.

A la hora del encuentro, me tomó de la mano y, sin decir nada, supe a dónde me llevaría: siempre lo hacía cuando quería embriagarse a punta de naturaleza, cuando deseaba perder la cabeza por unos minutos, cuando quería hablar sin sentirse responsable de ello.

Sin enterder la razón, supe que esa tarde iba a ser diferente. Su semblante era hermoso, como siempre, pero esta vez con un hálito de desazón que me indicaba que algo estaba por suceder. Me preparé con unos ojos vidriosos, tal vez pidiendo inconscientemente que no pasara lo inevitable.

Fumó largo y prolongado. Sopló el humo narcotizado luego de una larga espera. Miró al cielo y luego a mí, directo a los ojos. Bajé la mirada.

- Esto se te salió de las manos. Ya no puedo más. - Su sequedad me dejaba fría, me enfermaba...

El pacto de nuestra existencia se centraba en no enamorarse, en no sentir, en no dejar que pasara nada, sólamente eramos compañía, estábamos para estar, nada más.

Con tres frases me explicó que era mejor dejarlo así. Nada volvería a ser como antes.
Me pidió que siguiera mi vida y yo, desde un universo paralelo, le grité que no podía, no sin ella...

Anochecía y en mi mente pasaban las muchas veces en que, mientras la luna se llenaba, pretendíamos mostrar una amistad. Cantábamos, nos embriagábamos, respirábamos cerca, con el cómplice cielo negro ... Cerrábamos los ojos y prentendíamos ser ♪♫ Just friends...Just friends...♪♫'

Entonces, perdida, me levanté a buscar un rumbo, una respuesta al vacío de la soledad. Busqué letras criminales que me llevaran por la noche que yacía más perdida que yo... cerré mis ojos y supe que ella estaba en el negro de los ojos cerrados, no donde se ve la gente, sino en donde se siente: en la mitad del pecho y del cerebro. La sentí en la respiración como un nudo en la garganta ahogando a quien extraña, a quien se muere, a quien ha sido mandado a la mierda, a quien ha sido destinado al olvido.

martes, 5 de julio de 2011

A Usted

Me encantaría decir su nombre

 

No soporto ver su rostro desde la distancia. Esa distancia tan infinita que nos serpara.

Me desvanezco, me aparezco en el más recóndito rincón de su pensamiento, cuando, irónicamente, usted siempre es quien protagoniza el mio.

Sobrevivo a mi despedida con gritos que se expanden en el vacío.

Escucho , para mi sorpresa e ironía, 'Loveletters on a Laptop', como si la música supiera lo que estoy haciendo, lo que quiero de usted.

Le pregunto a quien se atreve a conquistar su atención con letras bizarras que de dónde apareció, que por qué tiene más oportunidades que yo, que escribo al ritmo del olvido.

Veo sus fotos sin querer hacerlo para no borrar su recuerdo del mío. Veo su sonrisa en esos momentos del pasado que ahora serán presente, inclusive en el futuro. Su vida en la sonrisa, esa sonrisa que nunca será mía, la misma que se fue hace unos días.

Y siento envidia de quien duerme con usted. De aquél que se roba la luna para regalársela. De aquél que le manda mensajes cifrados directamente a su buzón. Me carcome la ira, me carcomen todos los pecados capitales que se apliquen a mi caso.

Miro al cielo y queriéndome encontrar con Dios, me encuentro con usted. Con sus brazos al rededor de mi cuerpo antes de salir y con mi estúpido afan después de usted.

Hacia dónde ir.... yo tampoco sé. Hacia dónde mirar... tal vez, sí.

Y otra vez veo su nombre en mi pantalla. Siento ganas de marcar su número (3...1... *******) COLGAR!!!!

Y me veo en la puerta de su olvido, esforzándome para que las cosas no cambien, porque ahora que usted me cambió para siempre no quiero volver a cambiar.

Pienso en usted. Es lo único que hago.

La lujuria me invade cuando pienso en sus labios, en su cuello... en su voz. Debo confesarle que en las noches, la propensión a los deleites carnales me invade cuando me encuentro con Usted...

Y vuelvo y le pregunto a ese poeta desconocido:" Quién es usted que ha osado penetrar en los secretos más profundos de esa persona a quien descubrí cierto día por casualidad o destino, y que ahora es dueña de mi voluntad.... Hágase a un lado, se lo pido."
Él, por supuesto, se niega a separarse de semejante belleza. Ambos sabemos que al metal le es imposible luchar contra la fuerza de un imán.

Respirar. Pensar. Colorear con labial rojo un pedazo de cielo y escribir en él que mi vida es usted. Que mi tiempo es usted. Que mis sentidos son usted. Que mi lujuria es usted. Que mi deseo es USTED... Que el mundo no se entere, que lo unico que quiero es a Usted. A usted

domingo, 22 de mayo de 2011

Para quien lo lea...

Algo vino a mí y me dijo que te extraño:

Por eso me robo algunas palabras agenas para decirte, como aquél, que te llevo en lo más íntimo de mi corazón. Para sacudir tu esíritu y que sepas que el tiempo no ha pasado en vano; que ese recuerdo fósil que llevas tú de mí, es tan duradero y vivo en mí, que no podría pasar desapercibida cualquier palabra que digas desde la distancia.
Siempre he sabido la limitación de tus palabras. Siempre he tratado de entender lo que pasa por tu mente. Siempre he tratado de escribir prosa mezclada con poesía para que el viento la lleve hasta donde tu estás y te haga saber cuánto te quiero.
Sigo aquí, te digo. Tan fuerte como una estructura a la que el tiempo no la envejece, sino la vuelve más importante y mítica. Así eres tú para mí. Sigo aquí, de frente con lo que sea que se llame esto, con la inspiración intacta, con el recuerdo ausente en una maraña de fuego que corre libremente por el pasado y llega al presente obligándome a bailar a su luz y recordar, con música y sonidos, los momentos que no me apartan de tí, que me hacen creer que iré a alguna parte, así sea en los sueños, a tu encuentro, a tu pacífica presencia para que nada se vuelva en banal.


Cada día lo creo, aunque cada día sea más distante, tú, la amarilla de otro, la miel que ya no existe, la lectora que nunca existirá de todas estas cartas que, siempre en las noches frías y oscuras, escribo para tí, para decirte que quisiera ser lo suficientemente creadora para ofrecértelo y regalarte un poco de la paz que trasmites y que tanto extraño cada segundo que paso lejos de tí.

Ya no sé qué mas escribir desde esta distancia tan infinita...

Algo vino a mi y me dijo que sigo extrañándote cada segundo

sábado, 7 de mayo de 2011

MAYO 7

Muchos días del año son comunes.
Comienzan y terminan sin permanecer en la memoria del tiempo.
La mayoría de los días no afectan el curso de tu vida. Sólo algunos lo logran: Mayo 7 era un viernes.

Hay momentos mágicos a los que se puede asignar un significado cósmico a un simple evento.
Pero por lo general es coincidencia: eso es lo que es.

Existen los milagros. Sí existe tal cosa llamada destino, todo está destinado a ser.

Un año después vuelvo a pensar en que Mayo 7 era un viernes

lunes, 25 de abril de 2011

LO QUE PIDO YO

En palabras de Marta Gómez ... Eso pido yo

Un lugar que me recuerde a otro lugar
Una voz que me recuerde a otra canción
Un amor que no deje de palpitar
Y una lágrima que no hable del dolor

Un recuerdo que no me haga llorar
Y un silencio que no me hable de tu piel
De tus manos que no volveré a besar
De tu risa que no escucharé otra vez

Y un rincón que no me traiga tu olor
Que no guarde tu color
Que no me haga suspirar
O tal vez una noche sin pensar
Que no tengo tu calor
Que tal vez no volverás
Eso pido yo...

Sé que el tiempo siempre es sabio y borrará
Cada huella que dejaste en mi vivir
¿Y qué pasa si en lugar de olvidar
tu recuerdo crece más dentro de mí?

Un amor, una canción
Un espacio sin tu olor
Una noche sin pensar...
Que no me haga suspirar
Eso pido yo...

martes, 5 de abril de 2011

El final de la escencia

Descubrí que era ella por el aroma cítrico que dejó al pasar. Era el mismo que mi cerebro guardaba obstinado en recordarla. Supe que era ella por su euforia al pasar por mi lado y su reacción al verme: un abrazo sobrecogedor me condujo a la escena que evitaba a toda costa, pero que deseaba desde hacía mucho tiempo.

Cuando me soltó, hice un autoexamen de mi estado de ánimo: no pasaba nada; algo andaba mal. Le sonreí como siempre y busqué un tema de conversación desde el instinto: no pasaba nada, algo andaba mal. Finalmente logramos conectar la conversación alrededor de un crep con mi salsa favorita.

Hablamos de asuntos sin importancia, tal vez previendo que el tiempo no nos alcanzaría como para adentrarnos en algo más profundo o trascendental que se quedara a medio camino. Inocentemente creí que se trataba de mi tiempo. Sin embargo, a los dos segundos vi que la pública privacidad que teníamos se acabaría cuando, en menos de cinco minutos, llegara quien ahora era la dueña de su corazón y hasta de su corte de pelo.

Fue en ese momento en que caí en cuenta de que nuestro tiempo definitvamente había quedado atrás: el ciclo se había cerrado y la escencia se había perdido con un corte de pelo.

Ya no era la misma persona que había conocido. Su nuevo estilo ya no pertenecía a quien recordé  y busqué el primer día de habernos conocido. Ya no era ella, la mía, la bonita, la perfecta imperfecta musa que había creado en épocas donde el tiempo florecía sin relojes. Ahora vi en ella una más mundana, mas recorrida, más lejana y agena, más volatil aún que cuando hablabamos sentadas bajo la lluvia mirando nuestro tiempo compartido y los zapatos sucios.

No era la misma. Caí en cuenta de que ya no soy la misma. El tiempo había pasado y las cosas habían cambiado: los sentimientos, los placeres, los momentos. Incluso las miradas ya no eran las mismas de antes. Ese fue el signo claro de que nuestras realidades navegaban por rumbos diferentes. Miramos hacia el mismo lado, pero no vemos lo mismo.

Me quedé pensando en el recuerdo de lo compartido, de lo que el silencio me dejó en esta historia llena de relatos cortos, rotos, de noches en vela y amor frustrado.

Lo escencial se ha ido y descubrí que el pelo sí importa...

martes, 22 de marzo de 2011

Una falsa biografía con visos de narrativa imaginada

Como cortazar, escribo porque me parece justo enterar y porque me gusta escribir cartas y tal vez porque llueve. Mi vida no es otra más que una influenciada por los textos oscuros de Escritores Malditos como Franco, Cortazar, Caicedo… Chaparro, tal vez Medina Reyes, que me dicen que todo estará bien aunque un poco húmedo, un poco oscuro, un poco cuadrado, un poco frito.
Me siento tentada a hablar sobre mi amor a la música, pero sé que son más importantes los sonidos que se forman con las letras que tecleo en las noches sin inspiración, esas noches que como hoy, me recuerdan la presencia de esa quien pasó por aquí y ahora solo está ida; de aquella que habita en el recuerdo de un pasado vivido en los Aires al son de una bola de plástico que se imaginaba como de cristal. Estoy esta noche fría con un poco de lluvia pensando en el humo de un cigarrillo que se desvanece en mis manos, ese humo enfermizo que contagia la ciudad y la vuelve color smog, el mismo humo que tiempo atrás me acompañaba en mis largas caminatas por una ciudadela Universitaria donde hombrecitos con ínfulas de intelectuales pretendían enseñar el arte de las letras bajo la etiqueta de Periodismo; me pienso también en medio de un Campus (que es la forma como los Snobs le dicen a un lugar en medio de la nada) donde intenté aprender a escribir, pero al parecer, lo único que hice fue vislumbrar por la ventana de los grandes edificios Sabaneros  los árboles y los sueños que habían más allá del lejano horizonte, descubriendo una razón, un sentimiento, un punto de partida para empezar a vivir y a ser quien quiero ser.
Es un poco atrevido resumir una vida en tan pocas palabras, más aún una vida que no tiene mayor atractivo que la de querer escribir y ser leída, de ser aprendida y querer volar y viajar a través de las letras que son mi único consuelo en momentos en los que a pesar de que hay luna, la noche no me pertenece por estar lejana, oscura, tapada.
Vivo en Bogotá: Bogotá la fría, Bogotá la insípida, Bogotá la ruidosa, la irreflexiva, la amada y dañada. La misma que esconde en su regazo tanta maldad como belleza. Esa ciudad que invita al pecado después de las 8 de la noche y que es ciega ante los crímenes perfectos que los amantes prohibidos cometen a la luz de la luna que no tiene ojos, pero lo ve todo.
Mi historia no empieza con “Érase una vez” porque no soy una princesa, sólo soy una persona sin rótulos, ni etiquetas, con un solo objetivo: amar, escribir y ser leída por el lector desprevenido que no quiere ser una gran persona sino que sólo quiere vivir y ser capaz de reconocer en las letras ocultas de una escritora anónima, la vida y la sencillez de un punto final.
Por: Melissa Velásquez Loaiza

sábado, 12 de marzo de 2011

Ya no te quiero

Así habla Vicentico. Así te hablo a vos....

Yo quiero que te enteres que te estoy hablando a vos
Voy a decirlo al viento y que te envuelva asi el rumor.


Y que en las noches al dormir te ronden los fantasmasy el miedo


Que te hable tu conciencia y creas que halla sido Dios


Ya no te quiero....
No siento nada....
Soy tan vacio como el silencio de tu cara


Ya no te quiero
Estas marcada
Vos me enseñaste a dar silencio por amor


... Quiero que sientas que en el aire hay algo frio dando vueltas y vueltas y que te hable tu conciencia y que creas que te está hablando Dios...

Ya no te quiero....

sábado, 12 de febrero de 2011

Cartas de Amor

Te quiero y ese sin sentido de las cosas me hace retornar a ti cuando estoy sola. Cuando no pienso. Cuando hago introspección. Cuando siento que te quiero más que nunca.
Te quiero, pero mucho más que de costumbre en las letras airadas de esta conversación.
Te amo, pero mucho más que cuando te conocí, que cuando te amé en el pasado y que cuando hice siluetas de tu cuerpo con mis dedos desde la distancia y la oscuridad.
Te extraño, pero mucho más que siempre que me siento en la soledad de mis pensamientos a pensar en el pasado de nuestro encuentro y nuestros momentos compartidos.
Te quiero porque eres tú y porque eres a quien quiero y no hay recuerdo más lindo que tu rostro y tu presencia.
Te quiero, con fantasías o sin ellas. Siempre te quiero...

miércoles, 2 de febrero de 2011

Viaje sin Regreso

A Krito... 

Al abrir los ojos sintió un vacío que le recordaba la añoranza profunda de volver al pasado. Era octubre. Era viernes. Era de mañana.
-          Ya es de mañana. Dijo
Con el peso del vacío y los ojos cerrados por el recuerdo, se levantó y como rutinariamente, hizo lo que debía hacer todos los días antes de salir a trabajar. Todo era igual, incluso el dolor.
Una vez en la calle, caminó rápidamente hacia su lugar, ese lugar que le calmaba las ansias y le aumentaba el presupuesto. Mientras caminaba hizo una pausa y miró a lo lejos el recuerdo de aquél que se había quedado con una parte de ella y se rehusaba a devolvérsela.
Desde esa distancia recordó cómo se siente el amor, vivió de nuevo un momento de lucidez y repentinamente recordó, a pesar de su dolor, ese sentimiento que le devolvió la vida a través de un suspiro. Supo cómo era sentir alivio y vivió de nuevo el momento más feliz de su vida cuando a los ojos de un atardecer llanero, un poco fresco, un poco bochornoso, éste daba su visto bueno a esta escena que ni el frío de la Bogotá lejana ni el tiempo podrían borrar del recuerdo eterno.
Esa tarde, el cielo lejano y naranja brillaba más que de costumbre. No supieron si era por complicidad o fue pura casualidad. En todo caso, aún sin importar el refugio sin comodidades en el que estaban, juntos se estaban ahí sentados en las barandas limítrofes de la choza, de cara al cielo y en silencio escuchando, sin nada más que su compañía y algunas bebidas frías para mitigar la sed.
Ella, con sus manos puestas en la baranda respiraba con disimulada dificultad, mientras él inventaba motivos para romper el hielo, aunque al final no fuera necesario porque el suave cántico de un pájaro de colores que sonó a lo lejos les advirtió la razón de su soledad.
Él, con decisión la miró a los ojos. Ella lo esquivó. Él movió con lentitud su cuerpo y cuando menos lo esperó llegó a su mano tan suave, tan pequeña, tan blanca, tan ella. Su contacto la erizó  y la obligó a mirarlo fijamente con una pregunta implícita en sus ojos.
Sonrieron y sus pieles se envolvieron con un resplandor solar mágico que los sacó de este mundo para llevarlos a uno más íntimo: ese mundo privado del amor.
Entonces, los dedos tímidos y prudentes de él la acariciaron en aquél lugar donde los sentidos y colores parecían envolverse hasta desaparecer en un suspiro. Él dibujaba su silueta con sus dedos y suavemente inhalaba el hálito dulce de ella, que lo envolvía en una discreción que lo embriagaba. Por fin, ya sin ninguna contención la besó, la abrazó con ternura, con amor, con pasión en ese lugar que sabía la volvía vulnerable: su cuello. Ella no aguantaba más. Sabía que eso que sentía tan fuerte en el pecho se le iba a escapar con un suspiro y no atinaba a describirlo con sus palabras. Lo único que podía decir para evitar una explosión interna lo dijo con tal seguridad que una vez dicho, se sintió tranquila, plena, feliz:
-          T-E A-M-O
Él, perdido en su voz y la belleza de sus palabras, la amo mucho más en  ese momento y con un beso y una caricia le devolvió las palabras y le dijo tranquila bonita, te amaré por siempre…
Esas palabras se desvanecieron en un eco que retumbó en su corazón cuando el pito de un carro la devolvió a la ciudad de dios inserta en el mundo de los delirios y absurdos que la obligaba a volver de un viaje sin regreso, a no volver a amar y a olvidar el amor que estaba segura iba a sentir siempre. Por siempre.


viernes, 14 de enero de 2011

Tiempo

Tiempo para recordar lo que éramos, lo que fuimos. Tiempo para ser lo que añoramos y no lo aprovechamos. Tiempo para crecer, para añorar, para olvidar, recordar y creer.

Y cuando pasa, ¿en qué quedamos?. Somos el olvido que seremos y el tiempo pasado que nos ha  comido de prisa como el reloj a los segundos cuando tiene afán de llegar a la hora y el tiempo se hace efímero porque el reloj nos engaña.

Ahora, es hora de orar, hora de vivir, de recordar, de pensar y callar los ruidos externos que nos estorban y escuchar los sonidos internos que nos conducen por el camino que caminamos sin saber que somos quienes guiamos nuestro propio caminar y hacemos el sendero por el cual nos desplazamos.

Somos dueños del tiempo y herederos de lo que viene, sin saber otra cosa más que la certeza de nuestras vidas y el poder que tenemos para vivir, morir, reír, cumplir, sentir: sentir. Añorar, recordar, pensar, meditar el pasado que ya no vive más y que genera la extrañeza de un niño que ha perdido su niñez para enfrentarse a los temblores que le causa el paso del viento y el temblor de la vida que se mueve con miedo que mueve el aire en noches sin luna, de soledad.

Es tiempo de inventar motivos para que todo esté bien y empezar desde cero algo que tuvo que haber seguido como iba. Un gran día hoy para que dos pasados, que se dividieron en la bruma del maldito abandono que se pega dentro del corazón y revienta el alma como dinamita, se vuelven a encontrar.
Tiempo, para el que lo tenga.

martes, 11 de enero de 2011

Carta a una mamá en la sala de partos

Para Miel, con su aroma tan suyo. Con su hijo tan de ella.


Querida mamá, la angustia me está matando más a mí que usted. Apenas me veo sentada en la sala del hospital tan grande, tan bonito, pero tan hospital con su olor a sangre oxigenada, sus enfermos rodando con cara de vómitos y los niñitos correteando por los pasillos, que no aguanto esta sensación tan horrenda de saberla allá adentro con su pequeño bebé adentro y su esposo que tiene el privilegio de acompañarla mientras puja para que ese nene salga sano y salvo.
Querida mamá llamada Miel o Amarilla, o llámese como quiera, no sabe la emoción que siento al verla. No sabe cuánto desearía yo estar ahí dentro, siendo testigo directo de cómo sus manos se mueven acompasadamente por su vientre, cantando melodías de la tierra al nuevo ser musical que está por dar a luz. No sabe usted el recuerdo vivo de alguna noche con las luces bajas que aún corren con una feliz nostalgia por mi corazón y mi sangre y me hacen desear ese mismo momento en que nuestros pensamientos fueron uno solo y tuvo la capacidad de leerme la mente mientras yo, asustada por el hecho de que me escuchase la mente, sólo atiné a decirle que la quiero.
A usted nueva madre, la pienso desde la silla de afuera, sentada con mis manos en la cabeza, diciéndole con mi mente que por favor vuelva un segundo para que las dos seamos elefantes, grillos, hormigas, nubes, palomas, águilas para estar por los Aires, como tanto le gusta.
Hermosa Madre, debo hablarle al padre y decirle que en medio de esa maraña de pelo largo y barba paciente y trabada por la marihuana, es él ser afortunado por poseer a esa madre musical que entonará los sonidos de la vida cuando su cuerpo se abra y otro cante más duro que ella. Ese otro, también será suyo.
Afuera de la sala de partos, espero yo. Ésta quien escribe con paciencia esperando que salgan de ahí y le den la buena nueva de quien ha llegado. Esta que ama profundamente a esa madre que ahora mismo pare el fruto de otro amor besado, vivido, abrazado, imprimado… ese amor que está allá adentro de la sala privada de partos que pertenece a dos, ahora a tres.
. . .
Entro y la veo cansada, exhausta de dolor y ahora de placer por tener al de nombre de energía vital y musical en sus brazos. Desearía poder abrazarla y besarla agradeciéndole haber dado vida, agradecerle tanta belleza, pero esta es ajena y por eso sonrío con gusto ante su presencia porque el amor verdadero no es egoísta y solo pretende amor para el amor y eso es lo que es usted y ahora su primogénito junto a su esposo barbudo-loco-pelilargo-suertudo-papá.
En silencio me retiro con su rostro en el lado de adentro de mis parpados. Con sus ojos mirando cómo me alejo y sintiendo a su corazón diciendo “no se vaya”. Lo siento, me tengo que ir. Pero la olvidaré todos los días para que sepa que no la olvido. La cuidaré con los ojos de la luna.
No olvide que la quiero… por siempre