lunes, 27 de octubre de 2014

Amor no correspondido

Lo acepto como se acepta una derrota: usted es mi amor no correspondido. Se me apareció una noche de septiembre tan simple como una pijama, y tan impresionante como una mirada.  

La vi y caí en su belleza, como si se tratara de un imán. No sé qué me pasó pero no pude quitarle la mirada de encima desde ese entonces. Intenté descubrirla, pero sobre todo, descifrarla. Ud era una de esas personas atípicas que no podía dejar pasar así tan fácil. No sabía quién era, pero sospechaba quién sería.  

 Me embarqué en una aventura llamada Usted, intentando disimular mis ganas de tenerla; intentando tenerla a mi lado para no perderla de vista. Tal vez fingiendo indiferencia, entendiendo, muy en el fondo que usted era mi amor no correspondido.  

Luego la descubrí perfecta. Se acoplaba usted a mis cánones de perfección, pero yo también me acoplaba a su figura, a su forma de ser y actuar. Amé su sonrisa desde siempre, no sólo porque me la entregó, sino porque supe que combinaba conmigo. Pero también combinaba con sus soniditos, con sus ruiditos de mujer adulta, porque claro, es imposible olvidar sus quejidos nocturnos, como sí la vida se le estuviera escapando por la boca.  

 Y la pensé cada día omitiendo cuán imposible era para mi, con sus vestidos cortos y sus piernas expuestas sin vergüenza en las calles de esa ciudad gigante, entaconada, tan sexy y tan suya, llevándonos a esos lugares secretos que sólo usted conocía.Invitándonos al pecado de un trago con sabor a jazz. Yo ahí, escapándome de la rutina, no por el viaje, sino por usted, entendiendo en silencio que la iba a extrañar y que por supuesto le escribiría noticas cada día hasta que la volviera a ver.  

Me quedé con su imagen, porque de su cara no me acuerdo, aunque sí de su mirada, que me hace un hueco en el pecho y me intimida, y hasta miedo me hace sentir. Pero soy valiente y sigo ahí, esperando que de la nada usted me pase y podamos volvernos a pasar, llevándonos el mundo por delante, inspirándonos con las letras ajenas que nos cuenten historias y viajando a París o donde quiera, destruyendo la certeza de la diferencia e inventándonos un mundo en el que usted se queda para siempre junto a mi. 


martes, 21 de octubre de 2014

martes, 30 de septiembre de 2014

Cadáver Exquisito #2: El Mundo Idiota que Nos Rodea

A Lau Tijeras, por volver a escribir en conjunto.
A G y a SL. QG no poder escribirle a nadie más. 


Había respondido. Tarde, pero había respondido. Intentando disimular toda esa emoción que explotaba en sus entrañas, cuando me encontraba  resumida entre palabras inconexas en su bandeja de entrada. Impersonal, sí. Pero también era profundo, intenso e imposible.

Imposible como pensarla y querer imaginar algo que podía suceder, pero también imposible era olvidar su aroma y su figura con sólo desearlo. Sabíamos que de alguna manera nos habíamos amado, que al menos en parte nos entregamos la una a la otra; al menos con nuestras sonrisas juntas supimos de nuestra existencia. Era esta imposibilidad de estar juntas por culpa de la puta distancia: yo tan aquí y ella tan allá.

Allá donde descansaban los sueños, donde la preocupación y el miedo se separaban para darle un espacio de paz al alma. Allá donde la confusión se sentía libre para jugar, sabiendo que no existían las decisiones erróneas, sólo los intentos por descubrir la mejor opción, la que llena de deseo a un par de ojos cerrados.

Cerrados mis ojos cada noche, imaginando su cuerpo, su escote, su pelo. La otra noche tuve una visión muy bonita, pensándola después de la marihuana: la vi rebelde, obstinada. La vi a los ojos y a su pelo, crespo e insolente, como usted. Bailamos; la volví a besar como en aquel lugar de luces de colores donde probé su piel. Recuerdo que tomé su mano y esa noche conocí su perfección.

Perfección que emanaba de su mirada, de sus sonrisas y de sus lágrimas. Esa perfección que sólo yo notaba y que sólo aparecía cuando estaba a mi lado. Ese evento mágico que nos envolvía en un espacio de comprensión, en donde no eran necesarias las explicaciones para poder entendernos en nuestro silencio.

¿Silencio? ¡Claro! Desde que estoy sin Usted no hay más que silencio. Pero estoy tratando de musicalizar mis días, tratando de inventarme sus sonidos y sus secretos. ¿Algo de bolero? ¡Venga! ¿Algo de Jazz? ¡Por supuesto! ¿Algo de baile?… Usted y yo, toda la noche, moviéndonos en un solo compás, sin vergüenza, suave como su piel; acelerado como mi corazón; salvaje como Usted.

Usted que agota mi memoria, en mis intentos desesperados por  descifrarle. Usted y su capacidad de hacerme vibrar de miedo y de emoción. Usted que me llama y me escucha, entienda que en su deseo yo encuentro mi calma.

Calma después de la poesía. Calma después de una noche con Usted. Calma con música para nosotras. Calma, cuando al fin pueda mirarla sin pensar en el mundo idiota que nos rodea y nos separa y nos hace pensar que todo está mal.

AyT

domingo, 21 de septiembre de 2014

Señorita Londinense

A Laura, por darme su pasión e inspiración para escribir esta carta



La odio. Sé que la odio porque no sé hasta cuando vaya a agunatar amarla asì, hasta cuándo vaya a aguantar quererla y desearla así como en este momento sin poder tenerla aquí conmigo.

De la nada, la magia y la fantasía que me llevaron a usted se están convirtiendo en una serie de eventos que aún no me explico y por más que tenga este sentimiento clavado en usted, sé que aún me falta mucho para dejar fluir el amor que sé que nos pertenece, que ha llegado como ese polvo de hadas inexplicable, que se absorbe por los sentidos y por el deseo, pero nada deja a la razón.

Se lo explico bien: usted llegó de la nada en una noche cualquiera con sabor a fiesta, dicièndome un par de palabritas en inglés que pude escuchar en medio de la salvaje noche. Fue entonces cuando despertó mi curiosidad de querer tenerla, de querer amarla y perderme en sus conversaciones por un poco más de un segundo. Y ha sido así: desde ese, su día especial, he decidido que pensar en usted me llena de algo que es más grande que la paz y el amor: es el desespero de querer tocarla, tocarla, besarla, lamerla. La rabia que tengo es esa misma, propia de la frustración de querer mirarla sin condecendiencia, sin avergonzarme, de haber encontrado a quien no me producía esto que rompe barreras, distancia, tiempo.

Male, sepa usted que quiero tocarla; respirarla. Sentir cómo es su respiración mientras come, mientras se viste, o se desviste cuando siente el amor así de cerca. Sepa usted, señorita londinense que muero de celos cada vez que me entero de cosas que abren mi imaginación a un mundo de posibilidades donde yo no puedo ser la protagonista porque el puto tiempo y la puta distancia hacen de la suyas en este cuarto bogotano desde donde la pienso.

Esta carta, por supuesto, es una pequeña carta de lo que he decidido decir, porque usted, con su magia y su constante incertidumbre no me dejan otra opción que seguir intentado decifirarla. Porque no me explico por qué me falta el aliento cuando la pienso; por qué no puedo seguir sin pensar en que algo podría ir mal entre nosotras, y es ahí cuando pierdo el control, cuando desespero e intento escribir canciones para que las escuche a la distancia; para que pueda escuchar este grito desesperado de querer que sepa lo que no sabe... o eso que ya sabe pero por lo que ha guardado bastante silencio.

Sepa también que me gustan sus labios delgados y le confieso, la he soñado varias veces intentando sentirla cuando por fin la tenga. Pero claro, sólo logro tener ese vacío en el estómago donde está la carencia de algo: en este caso usted en mi vida.

Pero no se preocupe que tengo plena confianza en la vida. Una que se asemeja en ese regalo de tenerla junto a mi, respirando el mismo aire. Respirando un mundo donde usted y yo podamos sonreir con la complicidad de estar juntas y sin un mar de por medio que nos  separe, como desde ese primer momento en que la vi y despertó mi curiosidad.

Sepa usted que cuento las horas y los minutos para estar con usted, compartiendo un segundo en donde solo se, seamos usted y yo las dueñas de este  cuento y podamos sonreir sabiendo de nuestra historia viviendola, viviéndonos, descifrando esto que hoy nos mata.

Bonita semana, querida Male.

Besos y caricias desde la distancia.

martes, 3 de junio de 2014

Cadáver Exquisito #1: El Paraíso de los Obstinados

Agradecimientos, sin preámbulos:

A Laura, por siempre por siempre cumplir con el rol del Escritor B.

Cadáver Exquisito #1: El Paraíso de los Obstinados

Alguna vez se preguntaron por el paraíso, tratando de descubrir una razón para poder quedarse y no perderse en el camino de regreso. Trataban de conservar esa gota de alegría que las invadía, por el hecho de encontrarse en el lugar y tiempo preciso para caminar bajo el mismo cielo, bajo el mismo sol, acompasadas bajo esa música que suave las transportaba a un lugar mágico y desconocido.
Tan desconocido como los propios miedos, los más profundos, esos que lastiman, cuando los miras directamente a los ojos. Tan desconocido que resulta extraño e incomprensible. Y es justamente la incapacidad de entender la que lleva a la inseguridad y con ello, al error.
Error había sido haber planeado tanto, en tan poco tiempo, creyendo que el tiempo era benévolo y que podría aguantar la prisa que tenían de llegar a un paraíso que nunca existió, mas que en sus mentes y en sus planes. Pero claro, a las acaloradas mentes de un par de jovencitas nada podía contradecirlas. Tan sólo el propio tiempo, que se encargaría de enseñarles que el paraíso no nace de los planes. Es algo que debe alcanzarse, llegando desde muy lejos, como si se tratara de un volcán a punto de estallar.
Estallar entre risas y espantos, entre miedos y sueños, pues cuando los nervios se apoderan del alma, el cuerpo sólo puede explotar en un intento desesperado por ser libre, por encontrar las respuestas adecuadas, las que satisfacen las voces internas del deseo… Las que nunca saben de mentiras.
Mentiras: finalmente era eso lo que decía a cada instante, tratando de no lastimar tan evidentemente a aquella otra, a sabiendas de lo que había en su parte más profunda: confusión y un grito desgarrador, al que no entendía muy bien. Aun peor era decir la verdad y eso lo sabían implícitamente. Por ello, aquel capítulo de sus vidas se resumía en una palabra que era mejor no recordar, en el recuerdo de los mensajes sin descifrar, en las fotos de días de campo soleados y esas tan suyas rotas canciones.
Esas canciones que llenan el pecho de un frío sobrecogedor. Que recuerdan viejos tiempos y dibujan en la mente los que están por venir. Esas canciones, que por distintas que suenen, sólo saben llenar la mente de esa persona que tanto se ama, que tanto se extraña. Esas canciones que suenan como el universo y condensan en sus letras las palabras que el miedo no permite pronunciar.
Pronunciar palabra por palabra, letra por letra para no olvidarse, para no caer en el intento. Cada palabra que le decía era una pequeña orden, parte de ese plan que tendrían que cumplir, para llegar a su destino. Un destino que no era más que ese pedazo de felicidad instantánea, producida por un poco de fe y de café caliente, sentadas en ese espacio del que ambas eran dueñas, con música de Hendrix o de Janis; ese pequeño espacio donde todo el mundo, inclusive el de afuera, quedaba a merced del tiempo, para ver si le daba la gana de correr o no correr.
Pues correr ya no era sinónimo de huir, tan sólo significaba ir a encontrar los anhelos con los brazos abiertos. Correr para perseguir la ilusión era una locura, que aunque era terca, llenaría los vacíos de dos corazones, tomaría dos sonrisas para conjugarlas en una misma expresión de felicidad.
Felicidad sentían, claro, de saberse estando en el ahora, a sabiendas de que al final, este pedazo de felicidad sería el recuerdo fatuo de esas memorias, acompañadas con el humo de la marihuana; con una cerveza regada en el Prado, con un pedazo de sol de 5 de la tarde y con las melodías de esa guitarra rasgada, que le canta a la tarde oscura y provocadora de un simple y sencillo encuentro en el que querían encontrar su paraíso.

Ese paraíso que, aunque lejano, nunca resultaba imposible para los obstinados, para aquellos desconocidos que dejan estallar el sentimiento entre canciones, antes de empezar a correr… Antes de perder la cabeza por completo.

miércoles, 23 de abril de 2014

Volver

Cierto día tuve la necesidad de volver a usted, con la prevención propia de quien vuelve después de mucho tiempo.

Tomé el valor de observar, desde la distancia, eso que estaba pasando y que quise ignorar desde hace mucho tiempo cuando tuve un adiós obligado.

Tiempo pasó....

...y me entrometí en usted, me atravesé a propósito en su camino para espiarla desde la oscuridad de mi alma, desde las manchas de tinta negra que salieron de mi cuerpo cuando la recordé fumando marihuana en una noche fría de abril...

Entonces supe que usted era la dueña y la causante de mi parte más oscura, de mis miedos, del dolor que había ocasionado y aún no quería salir, que no quería sanar...

Volví a usted con el miedo propio del amor que quema, de ese amor que no existió pero que fue algo que ni nombre tiene. Eso lo sabemos usted y yo.

Y como Hendrix, también pienso que usted fue buena para mi de cualquier manera...

En todo caso, pude volver a mirar al cielo y pensar en usted con el vacío del estómago, a sentirla correr por todo mi cuerpo, cuando reconocí de qué estaba hecha; pude volver a usted para reconocerla después de haberla escondido lejos, en el rincón morado, oscuro y sombrío del cuarto al que la relegué después de aquél fin de semana.

En fin, volví a usted como quien vuelve a sus raíces. Volví a usted como quien vuelve al anhelo del pasado y quiere estar sólo por un momento más para estar toda la eternidad...

La vi tan sola como siempre y tan dueña de sí como la recordaba. Con esa sonrisa de sobradez que siempre admiré y me la encontré en algún texto que releí accidentalmente. La luna era lo que más me impresionaba, porque desde que le dije adiós, tuve que dejar de verla porque me la recordaba y ambas habían dejado de pertenecerme; ahora, pensaba en sus promesas sin cumplir, que implícitamente habíamos hecho para no cumplirlas y empezar cada día como si fuera el primero.

Seguí buscándola inoficiosamente en cualquiera que pasara por mi lado. Encontré una muy parecida a usted, con sus brazos blancos y delgados y su vientre perfecto, y quise lamerla como lo hacía con usted, y quererla como la quise a usted, pero no podía mentirme: nunca iba a querer a nadie como la quise a usted. Con esa fuerza sobrenatural, con ese amor desconocido que sólo se conoce una vez en la vida, con esa cercanía, con esa confianza, con la magia propia de un par de amantes que se decían todo de noche, cuando nadie observaba, con esa confidencia de eso que sólo usted y yo escribíamos y leíamos.

Lo supe cuando le hablé esperando encontrar algo de su magia en ella, y no la enconntré. Por el contrario, encontré simpleza, silencios, desconexión y un sentimiento forzado que colmamos en una noche de Blues y excesos.

Quise engañarme y pretendí una conexión que en ningún  aspecto se asemejaba a lo que usted y yo fuimos y somos, pero lo intenté... con la desagradable sorpresa que al final obtuve las respuestas que siempre me llevaban a usted. Las mismas suyas, a decir verdad.

Entonces deseé volver a mis raíces donde podía encontrar un poco de eso que tanto extraño, y entre líneas la encontré. Supuse que aún me recordaba por lo que encontré en ellas, pero que usted estaba más lejos de mi, que lo que yo de usted y seguí deseándola más que a nada, con ganas de nunca haberla conocido... Entendí entonces que nunca voy a amarla mejor, porque la amé y la amo como la amo, y ya.

Al final, lo que quedó, fue un libro con un par de hojas rasgadas, en la parte de las dedicatorias, de mi para usted (las arranqué, ¿recuerda?) y una canción negra que hacía burbujas y se movía al ritmo de los recuerdos de nuestro tiempo que siempre estarán en algún lugar de mi, fácil de acceder.

Y sólo me pregunto, siempre que la miro, si yo también estoy en un lugar fácil de acceder dentro de su mente, de su corazón y con qué frecuencia abre ese baúl donde reposamos las dos, usted y yo.