martes, 30 de septiembre de 2014

Cadáver Exquisito #2: El Mundo Idiota que Nos Rodea

A Lau Tijeras, por volver a escribir en conjunto.
A G y a SL. QG no poder escribirle a nadie más. 


Había respondido. Tarde, pero había respondido. Intentando disimular toda esa emoción que explotaba en sus entrañas, cuando me encontraba  resumida entre palabras inconexas en su bandeja de entrada. Impersonal, sí. Pero también era profundo, intenso e imposible.

Imposible como pensarla y querer imaginar algo que podía suceder, pero también imposible era olvidar su aroma y su figura con sólo desearlo. Sabíamos que de alguna manera nos habíamos amado, que al menos en parte nos entregamos la una a la otra; al menos con nuestras sonrisas juntas supimos de nuestra existencia. Era esta imposibilidad de estar juntas por culpa de la puta distancia: yo tan aquí y ella tan allá.

Allá donde descansaban los sueños, donde la preocupación y el miedo se separaban para darle un espacio de paz al alma. Allá donde la confusión se sentía libre para jugar, sabiendo que no existían las decisiones erróneas, sólo los intentos por descubrir la mejor opción, la que llena de deseo a un par de ojos cerrados.

Cerrados mis ojos cada noche, imaginando su cuerpo, su escote, su pelo. La otra noche tuve una visión muy bonita, pensándola después de la marihuana: la vi rebelde, obstinada. La vi a los ojos y a su pelo, crespo e insolente, como usted. Bailamos; la volví a besar como en aquel lugar de luces de colores donde probé su piel. Recuerdo que tomé su mano y esa noche conocí su perfección.

Perfección que emanaba de su mirada, de sus sonrisas y de sus lágrimas. Esa perfección que sólo yo notaba y que sólo aparecía cuando estaba a mi lado. Ese evento mágico que nos envolvía en un espacio de comprensión, en donde no eran necesarias las explicaciones para poder entendernos en nuestro silencio.

¿Silencio? ¡Claro! Desde que estoy sin Usted no hay más que silencio. Pero estoy tratando de musicalizar mis días, tratando de inventarme sus sonidos y sus secretos. ¿Algo de bolero? ¡Venga! ¿Algo de Jazz? ¡Por supuesto! ¿Algo de baile?… Usted y yo, toda la noche, moviéndonos en un solo compás, sin vergüenza, suave como su piel; acelerado como mi corazón; salvaje como Usted.

Usted que agota mi memoria, en mis intentos desesperados por  descifrarle. Usted y su capacidad de hacerme vibrar de miedo y de emoción. Usted que me llama y me escucha, entienda que en su deseo yo encuentro mi calma.

Calma después de la poesía. Calma después de una noche con Usted. Calma con música para nosotras. Calma, cuando al fin pueda mirarla sin pensar en el mundo idiota que nos rodea y nos separa y nos hace pensar que todo está mal.

AyT

domingo, 21 de septiembre de 2014

Señorita Londinense

A Laura, por darme su pasión e inspiración para escribir esta carta



La odio. Sé que la odio porque no sé hasta cuando vaya a agunatar amarla asì, hasta cuándo vaya a aguantar quererla y desearla así como en este momento sin poder tenerla aquí conmigo.

De la nada, la magia y la fantasía que me llevaron a usted se están convirtiendo en una serie de eventos que aún no me explico y por más que tenga este sentimiento clavado en usted, sé que aún me falta mucho para dejar fluir el amor que sé que nos pertenece, que ha llegado como ese polvo de hadas inexplicable, que se absorbe por los sentidos y por el deseo, pero nada deja a la razón.

Se lo explico bien: usted llegó de la nada en una noche cualquiera con sabor a fiesta, dicièndome un par de palabritas en inglés que pude escuchar en medio de la salvaje noche. Fue entonces cuando despertó mi curiosidad de querer tenerla, de querer amarla y perderme en sus conversaciones por un poco más de un segundo. Y ha sido así: desde ese, su día especial, he decidido que pensar en usted me llena de algo que es más grande que la paz y el amor: es el desespero de querer tocarla, tocarla, besarla, lamerla. La rabia que tengo es esa misma, propia de la frustración de querer mirarla sin condecendiencia, sin avergonzarme, de haber encontrado a quien no me producía esto que rompe barreras, distancia, tiempo.

Male, sepa usted que quiero tocarla; respirarla. Sentir cómo es su respiración mientras come, mientras se viste, o se desviste cuando siente el amor así de cerca. Sepa usted, señorita londinense que muero de celos cada vez que me entero de cosas que abren mi imaginación a un mundo de posibilidades donde yo no puedo ser la protagonista porque el puto tiempo y la puta distancia hacen de la suyas en este cuarto bogotano desde donde la pienso.

Esta carta, por supuesto, es una pequeña carta de lo que he decidido decir, porque usted, con su magia y su constante incertidumbre no me dejan otra opción que seguir intentado decifirarla. Porque no me explico por qué me falta el aliento cuando la pienso; por qué no puedo seguir sin pensar en que algo podría ir mal entre nosotras, y es ahí cuando pierdo el control, cuando desespero e intento escribir canciones para que las escuche a la distancia; para que pueda escuchar este grito desesperado de querer que sepa lo que no sabe... o eso que ya sabe pero por lo que ha guardado bastante silencio.

Sepa también que me gustan sus labios delgados y le confieso, la he soñado varias veces intentando sentirla cuando por fin la tenga. Pero claro, sólo logro tener ese vacío en el estómago donde está la carencia de algo: en este caso usted en mi vida.

Pero no se preocupe que tengo plena confianza en la vida. Una que se asemeja en ese regalo de tenerla junto a mi, respirando el mismo aire. Respirando un mundo donde usted y yo podamos sonreir con la complicidad de estar juntas y sin un mar de por medio que nos  separe, como desde ese primer momento en que la vi y despertó mi curiosidad.

Sepa usted que cuento las horas y los minutos para estar con usted, compartiendo un segundo en donde solo se, seamos usted y yo las dueñas de este  cuento y podamos sonreir sabiendo de nuestra historia viviendola, viviéndonos, descifrando esto que hoy nos mata.

Bonita semana, querida Male.

Besos y caricias desde la distancia.