viernes, 24 de septiembre de 2010

Banalizar el mal

Quisiera decir Hola sin parecer una estúpida débil que perdona con el tiempo o quedar como quien vuelve después de la muerte arrepentida por haber sido asesinada. Qué vaina tan jodida.

Ahora, como Cortazar, quiero decir que siento mis sentimientos y veo mis pensamientos, pero no pienso en lo que veo. Lo peor de todo es querer estar al lado de quien no está, no importa el motivo, solo la realidad.

En calle la luna es la única testigo de lo que pasa. Con su ojo invisible ve el vicio y el refugio de los refugiados. Ve la cantidad de palabras secas que rebosan de las bocas de miles de almas nocturnas que espían en la oscuridad el secreto de los ojos con quienes se tropiezan. Hay otros más afurtunados que prefieren salir sin pensar y sin entender el mundo que los rodea, por que, ¿para qué pensar?

Es verdad, de nada sirve ser el dueño de un título si no se hace uso de él. De nada sirve el título porque lo que importa es la escencia, mi escencia, tu escencia.

Es viernes. Es octubre. Es de noche. Una hermosa dama se mira en el espejo improvisado que le hace el vidrio de un carro. Un habitante nato de la calle la mira desde lejos y pasa su lengua sucia por sus labios que han sido lavados con algo de marihuana para escapar del frío y la oscuridad. A lo lejos la hermosa dama se siente perseguida y observada y prefiere irse a las montañas de ladrillo de la ciudad en viernes en la noche. Él la persigue siendo invisible. Ella lo siente. Él se acerca por detrás, le clava su cuchillo en la parte trasera, cerca a los riñones mientras se ralame deliciosamente los labios y se unta sus dedos llenos de yerba en la cara. Sonríe y ni se da cuenta de que la maldad es tan banal que ni siquiera le importa el hecho de haberla matado con sevicia y, ahora, verla tirada en el piso derramando un chorro de sangre. Sigue su camino y escupe en la calle que ahora es una morgue.

Esta es la vida, este es ese mundo de colores diferentes visto desde diferentes perspectivas en el que cada quien puede tener su cuarto de hora en un minuto y medio, en donde cada quien puede pasar desapercibido sin siquiera entender por qué. ¿Qué más da? Se pasa la hoja y todo sigue igual.

Mientras tanto yo pienso en eso que quiero pensar, en eso que me gusta pensar y que me acerca más a la realidad invisble que se pone una nariz de payaso y sale a la calle sin decir porqué. Como quien pasa la hoja y vuelve a comenzar... Y todo sigue igual.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

sábado, 11 de septiembre de 2010

La extraña maña de contar

Tengo la maña de contar. Siempre lo hago. Cuento el recorrido que hace mi bus a cualquier destino, cuento el tiempo que me demoro en la ducha, cuento el tiempo que gasto en internet, cuento el tiempo que duran mis heridas en sanar: han pasado 42 días hasta hoy.


Ahora mismo pienso en caminar tranquila debajo del sol o la luna: lo que sea!. He decidido que no hay nada en el mundo que pueda afectarme más que mi propia enfermedad. Es mejor estar enfermo por un mal propio y no por uno ajeno que ni vale la pena y que no deja respirar con la tranquilidad que ofrece un cigarrillo después de una cerveza, así sea en mala compañía.

Luego pienso, inevitablemente, en las cosas que me entusiasman. También pienso en las que me deprimen: es un ciclo natural en mi vida, no puedo evitar hacerlo porque de alguna manera me permiten volar un poco al ritmo del viento y de las hadas, a las que tengo bastante olvidadas, sin embargo ellas no me sueltan y dejan volar mi mente, aunque herida y desterrada, a un lugar en el que sólo existe mi mundo, mi gente, mi imaginación… nuevamente he volado: nunca más con los pies en la tierra.

Adiós he dicho, aunque a veces vuelvo a caer. Adiós he dicho sabiendo que no aparecerás más en esta vida… Adiós ¡he dicho! Cayendo de nuevo en la marea de suspiros inacabados y recuerdos molidos como almendras debajo de un martillo para ser agregados a un pastel de chocolate con relleno incalculado… HIJUEPUTASSSSSSSSS!

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Mayo 7

Muchos días del año son comunes. Comienzan y terminan sin permanecer en la memoria del tiempo.
La mayoría de los días no afectan el curso de tu vida. Sólo algunos lo logran: Mayo 7 era un viernes.

No se puede asignar un significado cósmico a un simple evento. Coincidencia: eso es lo que es. Nada más que eso.
Sí existen los milagros. Sí existe tal cosa llamada destino, todo está destinado a ser.

120 días después vuelvo a pensar en que Mayo 7 era un viernes.

jueves, 2 de septiembre de 2010

De noche

De noche...

Un duende baja con dificultad por la escalera que de los libros conduce a la ciudad. Se agacha para evitar ser visto, a pesar de ser tan pequeño, por el tumulto gris que es la gente que ha dejado de pensar en su felicidad. Nadie lo ha visto pasar, así como nadie lo ha visto nacer.


De noche y sin cuidar tanto sus pasos, porque es conciente de la ciudad zombie que lo rodea, el duende camina mirando el cielo de algodón y nubes de oro que iluminan la ciudad amazónica y tribal a la que llegó bajando por la escalera de colores color palo y maticas verde color pasto.

A su vista se extiende el mundo loco deMente, loco que no sabe la ciencia de la paz+ciencia que le quita la insipración a cualquier escritor nocturno que intenta concentrarse en el sonido de las teclas, en el olvido que es necesario olvidar y en los botones rojos de las máquinas estrelladas que fueron testigo de su felicidad desquiciada y sin sentido.

De noche el duende baja hasta las profundidades de la conciencia de quien lo lee, se permite pasear y leer a quien lo lee, compra y vende neuronas dentro de esa cabeza que ahora está enredada por música que no vale un peso y cuando está cansado, el pobre duende vuelve a Trivenchi, ciudad de duendes cargados de cielo, cargados de circo

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Recuerdos

Vivo de los recuerdos musicales, esos sonidos que me inspiran y me recuerdan momentos felices de lo que ya pasó. Vivo en el recuerdo, en el pasado y no siempre en el presente, como debería, por estar atada al racimo de estrellas que fue su presencia en cada momento en que amaneció. Momentos felices de hace 1 día, un mes, un año, mil años. ¿Qué importa?


Un estallido en mi garganta me lanza al abismo de la calle para caminar mientras olvido lo vivido, mientras pienso que ya somos el olvido que seremos...