miércoles, 23 de abril de 2014

Volver

Cierto día tuve la necesidad de volver a usted, con la prevención propia de quien vuelve después de mucho tiempo.

Tomé el valor de observar, desde la distancia, eso que estaba pasando y que quise ignorar desde hace mucho tiempo cuando tuve un adiós obligado.

Tiempo pasó....

...y me entrometí en usted, me atravesé a propósito en su camino para espiarla desde la oscuridad de mi alma, desde las manchas de tinta negra que salieron de mi cuerpo cuando la recordé fumando marihuana en una noche fría de abril...

Entonces supe que usted era la dueña y la causante de mi parte más oscura, de mis miedos, del dolor que había ocasionado y aún no quería salir, que no quería sanar...

Volví a usted con el miedo propio del amor que quema, de ese amor que no existió pero que fue algo que ni nombre tiene. Eso lo sabemos usted y yo.

Y como Hendrix, también pienso que usted fue buena para mi de cualquier manera...

En todo caso, pude volver a mirar al cielo y pensar en usted con el vacío del estómago, a sentirla correr por todo mi cuerpo, cuando reconocí de qué estaba hecha; pude volver a usted para reconocerla después de haberla escondido lejos, en el rincón morado, oscuro y sombrío del cuarto al que la relegué después de aquél fin de semana.

En fin, volví a usted como quien vuelve a sus raíces. Volví a usted como quien vuelve al anhelo del pasado y quiere estar sólo por un momento más para estar toda la eternidad...

La vi tan sola como siempre y tan dueña de sí como la recordaba. Con esa sonrisa de sobradez que siempre admiré y me la encontré en algún texto que releí accidentalmente. La luna era lo que más me impresionaba, porque desde que le dije adiós, tuve que dejar de verla porque me la recordaba y ambas habían dejado de pertenecerme; ahora, pensaba en sus promesas sin cumplir, que implícitamente habíamos hecho para no cumplirlas y empezar cada día como si fuera el primero.

Seguí buscándola inoficiosamente en cualquiera que pasara por mi lado. Encontré una muy parecida a usted, con sus brazos blancos y delgados y su vientre perfecto, y quise lamerla como lo hacía con usted, y quererla como la quise a usted, pero no podía mentirme: nunca iba a querer a nadie como la quise a usted. Con esa fuerza sobrenatural, con ese amor desconocido que sólo se conoce una vez en la vida, con esa cercanía, con esa confianza, con la magia propia de un par de amantes que se decían todo de noche, cuando nadie observaba, con esa confidencia de eso que sólo usted y yo escribíamos y leíamos.

Lo supe cuando le hablé esperando encontrar algo de su magia en ella, y no la enconntré. Por el contrario, encontré simpleza, silencios, desconexión y un sentimiento forzado que colmamos en una noche de Blues y excesos.

Quise engañarme y pretendí una conexión que en ningún  aspecto se asemejaba a lo que usted y yo fuimos y somos, pero lo intenté... con la desagradable sorpresa que al final obtuve las respuestas que siempre me llevaban a usted. Las mismas suyas, a decir verdad.

Entonces deseé volver a mis raíces donde podía encontrar un poco de eso que tanto extraño, y entre líneas la encontré. Supuse que aún me recordaba por lo que encontré en ellas, pero que usted estaba más lejos de mi, que lo que yo de usted y seguí deseándola más que a nada, con ganas de nunca haberla conocido... Entendí entonces que nunca voy a amarla mejor, porque la amé y la amo como la amo, y ya.

Al final, lo que quedó, fue un libro con un par de hojas rasgadas, en la parte de las dedicatorias, de mi para usted (las arranqué, ¿recuerda?) y una canción negra que hacía burbujas y se movía al ritmo de los recuerdos de nuestro tiempo que siempre estarán en algún lugar de mi, fácil de acceder.

Y sólo me pregunto, siempre que la miro, si yo también estoy en un lugar fácil de acceder dentro de su mente, de su corazón y con qué frecuencia abre ese baúl donde reposamos las dos, usted y yo.

1 comentario:

  1. Desde las primeras lineas es algo que me conmovió, sin duda un muy buen texto.

    ResponderEliminar