Lo acepto como se acepta una derrota: usted es mi amor no correspondido. Se me apareció una noche de septiembre tan simple como una pijama, y tan impresionante como una mirada.
La vi y caí en su belleza, como si se tratara de un imán. No sé qué me pasó pero no pude quitarle la mirada de encima desde ese entonces. Intenté descubrirla, pero sobre todo, descifrarla. Ud era una de esas personas atípicas que no podía dejar pasar así tan fácil. No sabía quién era, pero sospechaba quién sería.
Me embarqué en una aventura llamada Usted, intentando disimular mis ganas de tenerla; intentando tenerla a mi lado para no perderla de vista. Tal vez fingiendo indiferencia, entendiendo, muy en el fondo que usted era mi amor no correspondido.
Luego la descubrí perfecta. Se acoplaba usted a mis cánones de perfección, pero yo también me acoplaba a su figura, a su forma de ser y actuar. Amé su sonrisa desde siempre, no sólo porque me la entregó, sino porque supe que combinaba conmigo. Pero también combinaba con sus soniditos, con sus ruiditos de mujer adulta, porque claro, es imposible olvidar sus quejidos nocturnos, como sí la vida se le estuviera escapando por la boca.
Y la pensé cada día omitiendo cuán imposible era para mi, con sus vestidos cortos y sus piernas expuestas sin vergüenza en las calles de esa ciudad gigante, entaconada, tan sexy y tan suya, llevándonos a esos lugares secretos que sólo usted conocía.Invitándonos al pecado de un trago con sabor a jazz. Yo ahí, escapándome de la rutina, no por el viaje, sino por usted, entendiendo en silencio que la iba a extrañar y que por supuesto le escribiría noticas cada día hasta que la volviera a ver.
Me quedé con su imagen, porque de su cara no me acuerdo, aunque sí de su mirada, que me hace un hueco en el pecho y me intimida, y hasta miedo me hace sentir. Pero soy valiente y sigo ahí, esperando que de la nada usted me pase y podamos volvernos a pasar, llevándonos el mundo por delante, inspirándonos con las letras ajenas que nos cuenten historias y viajando a París o donde quiera, destruyendo la certeza de la diferencia e inventándonos un mundo en el que usted se queda para siempre junto a mi.