jueves, 2 de septiembre de 2010

De noche

De noche...

Un duende baja con dificultad por la escalera que de los libros conduce a la ciudad. Se agacha para evitar ser visto, a pesar de ser tan pequeño, por el tumulto gris que es la gente que ha dejado de pensar en su felicidad. Nadie lo ha visto pasar, así como nadie lo ha visto nacer.


De noche y sin cuidar tanto sus pasos, porque es conciente de la ciudad zombie que lo rodea, el duende camina mirando el cielo de algodón y nubes de oro que iluminan la ciudad amazónica y tribal a la que llegó bajando por la escalera de colores color palo y maticas verde color pasto.

A su vista se extiende el mundo loco deMente, loco que no sabe la ciencia de la paz+ciencia que le quita la insipración a cualquier escritor nocturno que intenta concentrarse en el sonido de las teclas, en el olvido que es necesario olvidar y en los botones rojos de las máquinas estrelladas que fueron testigo de su felicidad desquiciada y sin sentido.

De noche el duende baja hasta las profundidades de la conciencia de quien lo lee, se permite pasear y leer a quien lo lee, compra y vende neuronas dentro de esa cabeza que ahora está enredada por música que no vale un peso y cuando está cansado, el pobre duende vuelve a Trivenchi, ciudad de duendes cargados de cielo, cargados de circo

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