jueves, 25 de noviembre de 2010

La Niña Caída

Todo sucede a la luz de la noche…
A Margarita por regalarme dos palabras

Lástima el mundo de locos que se esperan a que el mundo se apague para gritar sus verdades. Lástima por los hombrecillos-duendes que quieren pretender ser algo que no son y se esfuerzan sin conseguirlo. Lástima por los deja vu que invaden la noche, porque no hay con quién compartirlos.
Me muero de ganas por gritarlo con alegría, pero no encuentro las palabras para describir lo que no existe. Debo confesarlo: lo invento todo. Invento cuando estoy triste, cuando estoy feliz; invento cuando lloro y cuando sonrío. Pero debo aclarar que todo esto es verdad: una noche que inspira a escribir algo que no dice nada, porque lo único que se hace es ver al otro lado de pared a esa niña caprichosa que se inventa juegos y ve a un gato que de pronto se le aparece y la rodea con su maullido. Sigue caminando y se tropieza con un hueco que la hace caer hacia el cielo, con su falda irreverente que le muestra los calzones y los zapatos de charol que brillan con el sol de media noche.
Ay de esa pobre niña que se ha caído en el cielo y con lo único que se ha encontrado es con un dj que besa sus tornamesas y un hombre calvo vestido de mujer con una ruana naranja en la que carga una niña indígena en un coche y ésta mira sin pasión el cielo, como si supiera el destino aburrido que le espera si no se despega de las abrigo de su madre.
La niña caída, que camina con las manos cuando se cansa de los pies, sigue su camino y se encuentra a una niña que parece que hubiera sido sacada de una comida rápida: más frita que nada.
Lo que importa es envidearse y así seguir… no es la gran cosa, le ha dicho la frita y la niña caída sigue su camino buscando una respuesta prometida por un hombre-duende-verde-marrón que se ha sumergido en una botella de agua potable apta para el consumo humano 600 mililitros peso neto y desde ahí escupe botones de colores que ha confundido con chocolates.
La niña caída entonces decide zambullirse y nada en una piscina de vino morado en la que una botella toma copas de vino para satisfacer su sed y cuando ha estado totalmente llena, se da cuenta de lo borracha que está y vomita un arcoíris por el que la pobre niña perdida camina, por fin, y encuentra el árbol que la ha esperado por medio minuto desde que la vio venir y lo abraza al final del camino y le dice tranquila baby… está todo bien (COMA) muñeca y le ofrece un brownie que ha horneado en su casa del árbol.
"Magic Does Exist..."

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