Martina Fonseca es una puta. Sí: ni siquiera se merece ser descrita como prostituta. Sencillamente es una puta. Y no lo es precisamente porque su oficio sea acostarse con otros hombres o mujeres, sencillamente lo es porque así lo ha decidido. Quiere calmar sus ganas, sus ansias y no solamente en el aspecto sexual, ella ha decidido ejercer su libertad desde su dolor. Para ello requiere sufrir no un poco, sino mucho para saber que el dolor sgue allí, que no se ha ido y que nada de lo que haga la hará sentir mejor hasta que esa herida no sane. Martina Fonseca ha decidido ser libre, experimentando lo que le de la gana, así sea un polvo con el lustra botas de la esquina que la llene de asco y nauseabundas ganas de sentirse mal, así sea una noche de copas sin restricción con la vecina de su vecina, puede tirar toda una noche, acostarse debajo de un puente, leer toda la tarde en su cómodo apartamento del barrio de clase media alta al que pertenece.
Martina Fonseca es una puta por decisión propia, es una mujer oscura, sin alegría. Fuma al desayuno, piensa en el día de su muerte, piensa en el día en que un perro le morderá la cara, recuerda los días que vivió con la misma desesperanza con que siente los venideros. Martina Fonseca es una mujer que experimenta el dolor, que vaga por las calles buscando respuestas, mirando al piso, probando el mundo con sus pasos, comiéndoselo a mordisquitos, a besitos sin dientes, a pasos descalzos como los de los indigentes, pintando con su mirada gris el cielo que la cubre. Es puta para encontrar respuestas y para sentir lo que ya no siente, es puta porque quiso serlo, porque se cansó de darle explicaciones inventadas a quienes se las pedían, es una mujer rota, al fin de cuenta es una mujer que nadie extraña, que no le hace falta al mundo, pero que se hace falta a ella misma.
Finalmente se volvió así por que le dio pena seguir siendo quien no era, se convirtió en lo que se convirtió porque cierto día se levantó en su perfecta cama y pensó que eso estaba muy jodido, que aparentar estaba muy jodido y que no amar estaba muy jodido, entonces se reventó, vomitó en la cara perfecta de la perfección y expiró en la tierra de las vírgenes perfectas y se volvió una puta imperfecta para buscar respuestas, para no aparentar, para seguir hacia una puerta con luz, que la sacara de la oscuridad en la que estaba. Finalmente Martina Fonseca era una mujer rota, una mujer desalmada, una mujer dejada: una mujer sin amor.
Martina Fonseca es puta por amor.
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